A este Hito se asocia especialmente la figura del Corazón. Cuando consagramos a nuestros hijos a la Virgen María, le entregamos nuestro corazón y ella nos entrega el suyo. Este intercambio de corazones es para toda la vida. Nuestros hijos estarán para siempre, como decía el P. Kentenich, “bajo la protección de María” y “un hijo de María, nunca perecerá”.
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