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Hay una concepción del hombre que guía toda la acción de nuestros colegios. Ella será expuesta a continuación a partir de tres aspectos centrales desde los cuales se desprenden muchísimas otras características. Cada uno de estos aspectos ha de ser visto en relación a los otros, pues no constituyen parcelas separadas sino expresiones de una misma concepción del ser humano.

Todo lo que queremos exponer tiene como fundamento una visión cristiana de la humanidad y los acentos propios de la pedagogía del P. José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.



1. Persona

El hombre en sí: Contemplamos a cada ser humano como persona

a. Un ser único

Lo propio de la persona es que desarrolla su existencia desde una interioridad. En su condición de sujeto, la persona es protagonista de su propia historia.

Dios crea a cada persona con rasgos originales. Nos ha guiado siempre como educadores una seria preocupación por la originalidad de cada niño, por sus talentos y su propio desarrollo. Hemos querido promover su propia originalidad y su capacidad de decidir y realizar. Hemos acentuado el valor de cada uno y hemos querido hacerlo sentirse importante y amado. Ante cada persona sólo cabe en primer lugar la actitud del respeto.

La originalidad encierra inmensas potencialidades. Cada niño ha de desarrollarse buscando la excelencia de todos sus talentos. Enfrentamos, por una parte, el desafío de que cada uno descubra y desarrolle los dones especiales que Dios ha puesto en sus manos, y también, por otra parte, el desafío de que él alcance la mayor plenitud posible en todos los campos de la existencia humana. Siendo entonces el colegio, el escenario idóneo para la dedicación, y máximo esfuerzo en su preparación académica. Hemos querido orientar hacia la excelencia, brindándoles las herramientas necesarias para su desarrollo pedagógico y cognitivo que les permita en el futuro convertirse en responsables y preparados hombres y mujeres de nuestro Ecuador.

b. Un ser libre

En nuestro actuar pedagógico tiene gran relevancia una correcta comprensión y práctica de la libertad. Nuestros niños han de crecer como hombres libres, capaces de poseer su vida, conducir su historia y donarse a sí mismos en un acto pleno de amor. Personalidades cristianas, que con capacidad de decisión y fuerza de realización pueden generar un mundo nuevo. En este sentido queremos conducir hacia una sana autonomía.

La libertad ha de ser educada. Siempre hemos definido "cultivo del espíritu" como la educación para el uso correcto de la libertad, donde el rol central lo tiene la educación a la magnanimidad, a la grandeza de alma. De aquí la importancia de todo lo que ocurra en el plano valórico. Para nosotros esto pone especial acento en los contenidos espirituales de la formación y en el proceso de crecimiento humano y religioso del niño.

c. Un ser orgánico

A menudo hemos hablado de la personalidad "integral", que es capaz de incorporar los distintos ámbitos de la vida a una existencia auténticamente plena. Todo ámbito encuentra su plena realización en esa integración: sus sentidos e instintos, las emociones y los sentimientos, todos sus aspectos espirituales y su realidad sobrenatural. La persona se desarrolla desplegando también su capacidad comunitaria en todas sus dimensiones, en su vocación sexual y familiar, en su responsabilidad eclesial y social.

Nos preocupa cuidar la armonía de esa integración, pero respetando el proceso de cada uno y centrando el desarrollo en el núcleo de la persona. Estamos conscientes del mundo que estamos viviendo y estamos interesados en prepararlos para enfrentar este mundo industrializado, globalizado y competitivo proporcionándoles los conocimientos científicos, humanistas y prácticos requeridos para seguir estudios superiores y desenvolverse en una actividad útil.

Creemos en el desarrollo orgánico de la vida. Creemos que el educador está llamado a ser un maestro en reconocer la manera como la vida crece y camina hacia su plenitud, comprendiendo los distintos aspectos que pertenecen a su desarrollo: cada proceso es lento, rítmico, y lo más importante de dentro hacia fuera. Para apoyarlo nuestra formación opta clara y conscientemente por el instrumental pedagógico del P. José Kentenich. Esto significa acentuar la educación a través de vínculos, vivencias, corrientes de vida, ideales, atmósfera, símbolos, tradiciones, ejemplos encarnados, casos preclaros, etc. Esta opción es el filtro para dejar entrar a nuestro colegio un determinado tipo de actividad o para excluirla de nuestros usos. Nuestros niños podrán aprender con nosotros esta forma de entender y tratar la vida humana.



2. Vínculos

El ser humano en su relación

a. El amor como parte central

El desafío central de la vida es aprender a amar. El amor, como la vocación más propia del ser humano, es una realidad personal que atañe a todas las dimensiones de su persona. No es, por ejemplo, un simple acto fragmentado ni un mero sentimiento, sino una honda realidad de la persona que compromete con fuerza integradora su instintividad y su corazón, su voluntad y su intelecto, su amor a Dios y su búsqueda filial por realizar la voluntad del Padre.

Un lugar clave en nuestra vida ocupan nuestros vínculos: lazos permanentes y cargados de afecto que constituyen fuente y fuerza en nuestro aprendizaje del amor. Especialmente los vínculos a las personas, los lugares y los ideales se convierten en vigas maestras de nuestro desarrollo. En último término queremos vínculos fuertes a Dios, a los demás y a la creación entera.

Acentuamos la importancia de la familia, y con ello el cultivo de un ambiente de familia, donde lo más importante son los vínculos personales. Esto lleva a una determinada vivencia de la autoridad y a una decisión por capacitar a cada persona en la formación de grupos y equipos que sean una experiencia de comunidad.

b. Carácter fundante del vínculo filial

Para aprender a amar es normalmente necesario encontrar personas que nos regalen su amor. Esta necesidad tan aguda nos lleva a percibir la manera más frecuente como Dios se acerca hasta nosotros: a través de las personas que nos muestran su amor.

Por esto acentuamos la importancia de las experiencias de la familia natural y de la comunidad para el educando. Ellas son el ambiente propicio para un crecimiento integral en el amor. Nuestra propia vocación de educadores - como paternidad y maternidad (unida a la paternidad de Dios) - encuentra también en el ambiente de comunidad y el trabajo en equipo un desarrollo pleno. Queremos ser también nosotros una familia educativa.

Para cuidar de la experiencia de ser niño al interior de una familia y para desarrollar una convivencia adecuada, cuidamos especialmente el vínculo a María y una sana vivencia de la autoridad.

c. Amor y virtudes

El amor ha de ser el alma del comportamiento habitual. Nuestra vocación cristiana nos lleva a entregar esa alma a la vida cotidiana. Las virtudes nos señalan en particular algunas dimensiones en que esa vida aspira a su perfección y plenitud. Además de las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) recordamos brevemente las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) como indicaciones de ámbitos que esperan nuestra actividad.

Hemos de aprender a conducir la vida con Prudencia, viviendo la vida acorde a lo que hemos reconocido como correcto y valioso. Cumplimos con la Justicia , tratando a los demás como queremos nos traten a nosotros. La Fortaleza , la conseguiremos evitando una vida que nos afecte a nosotros negativamente, y siendo respetuosos y no abusando de las cosas y sus bondades nos llenaremos de Templanza. Y en general debemos aspirar a hábitos que nos hagan más pleno y fácil vivir como vivió Jesús.



3. Responsabilidad


El hombre en su contexto, en su situación: Somos responsables de nuestro mundo

a. El ser humano como ser histórico

En nuestra vida diaria tomamos contacto unos con otros y nos vamos haciendo responsables por el caminar de otros hombres. El momento actual, que compartimos con toda la humanidad, entraña para el cristiano un encargo: el hombre que va haciéndose hijo del Padre en Cristo hace suya la misión del Señor. El tiende desde su propio corazón a comprometerse con la obra redentora de Cristo y a transformarse en un apóstol. Es profundamente solidario y realiza su vida en comunión con otros. La universalidad del cristiano es la universalidad del corazón de Cristo y del corazón inmaculado de María.

b. El horizonte: un cielo nuevo y una tierra nueva

La luz que hoy ilumina nuestros esfuerzos y que da sentido a nuestros afanes por nuestros hermanos viene de la certeza de Jesús: creemos en una sociedad nueva y en una tierra nueva. Creemos que es posible y aspiramos a la vida plena.

Percibimos la urgencia de anunciar el Reino a los hombres y preparar su venida construyendo en esta tierra una realidad más acorde con el Evangelio de Jesucristo. La fe nos lleva a vivir con la urgencia del amor y con la serenidad de la esperanza. Pues creemos en el destino definitivo del hombre en el cielo.

c. Nuestra realidad actual

La conciencia de nuestra situación histórica nos lleva a un conocimiento calificado de la realidad en que vivimos y que existe a nuestro alrededor. Nos importa todo lo que pasa, nos importan todos los hombres, son nuestros todos los destinos. En esta época de cambios nos preocupa el surgimiento de una nueva cultura con formas más humanas y el mundo entero, los creyentes como nosotros y otros hombres que piensen distinto. Nos importa que surja solidaridad misionera para con capacidad y decisión ser protagonistas del cambio hacia un mundo más humano.

Vivimos en el Ecuador de hoy. Dado que no queremos hombres-islas o comunidades-burbujas, en nuestro proceso formativo está esencialmente incorporada la dimensión social. Esto significa no sólo que formamos una familia y promovemos los vínculos, sino especialmente que desarrollamos sensibilidad y acción social.

Queremos jóvenes líderes, conocedores de sus raíces y de sus responsabilidades frente a su entorno. Futuros profesionales responsables, que lideren con honestidad, creadores de soluciones a los problemas socioeconómicos y culturales que afectan nuestro país.